• Regálese vida. . . ¡a diario!

A menudo nos encontramos diciéndonos a nosotros mismos y a los otros que debemos ser positivos, que debemos luchar por ser felices, que nos regalemos momentos para nosotros mismos, que la caridad empieza por casa, etc.,  etc., etc., todo con vistas a confrontar y manejar el estrés del diario vivir.  Sin embargo, para variar, casi siempre dejamos para pasado mañana lo que pudimos haber hecho anteayer.
Por otra parte, ciertamente, es útil y necesario el concedernos o regalarnos, por ejemplo, unos días en la playa, o una tarde haciendo “nada”.
Sin embargo, esto no va a “resolver” la tensión acumulada durante años, de modo que días o semanas después de regresar de unas vacaciones, nos sentimos igual de tensos, frustrados, o cualquier otro sentimiento que experimentáramos con anterioridad.
De ahí que resulte imperativo el concedernos ratos de descanso, momentos de distracción, a menudo.  No se trata de esperar a sentirnos agotados para buscar una salida, para intentar recuperar salud física, emocional y/o mental.  Cada uno de los días de nuestra vida es el momento de hacer “algo” por nosotros mismos y por los que amamos.
Atendemos poco nuestra vida actual por estar preocupándonos por lo venidero.  Dejamos de hacer lo que nos gusta y nos dedicamos a trabajar y trabajar por un futuro que tal vez nunca llegue y que, en todo caso, cuando llega, no apreciamos ni disfrutamos por ser el presente de nuestra vida en ese momento y, ¡de nuevo!, estaremos ocupados en “trabajar para el mañana”.
Concentrémonos, entonces, en estar en el aquí y el ahora, en ocuparnos de ser felices hoy, que mañana será otro día.
Si estamos felices, podemos transmitir esa felicidad a los que nos rodean, en especial a nuestra familia.
Si los que amamos están felices, nosotros también lo estaremos.
Nuestros esfuerzos para vivir con tranquilidad y plenitud debemos realizarlos cada día.  Es diariamente cuando hemos de concedernos momentos de paz, de soledad, de auto-observación.  Rescatar horas de nuestro fin de semana para hacer lo que nos gusta, sin estar postergando nuestros sueños e ilusiones porque “¡Hoy no puedo, tal vez la próxima semana!”.
Si organizamos nuestro tiempo, hallaremos espacio para las cosas que requerimos y deseamos hacer.
Muchas veces, aquello que parece insignificante, poco relevante, es precisamente lo que contribuye a nuestra felicidad.
Son las pequeñas cosas, los momentos de paz, las ocasiones familiares, los ratos a solas con nosotros mismos, los que van sumándose como granitos de arena para construir el castillo de alegría, de tranquilidad, ¡de vida!  Vida no sólo con propósito, sino con calidad y con la esperanza de un futuro halagador.  
Deseo finalizar este artículo con un sabio pensamiento que mi padre se decía día a día:
“Este es, a Dios gracias, el primer día del resto de mi vida, y me hago la ferviente promesa de vivir cada uno de esos días con alegría, con conformidad, con inteligencia, para que cada uno de esos días constituya un granito de felicidad”.